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Bienestar

En busca del equilibrio y la felicidad

En tiempos donde las expectativas son altas y la ansiedad está a la vuelta de la esquina, conversamos con Ángela Storace, coach profesional, sobre cómo afrontar el cierre de año, establecer metas alcanzables y encontrar bienestar en un mundo lleno de desafíos.

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ángela Storace
Coach Profesional | Abogada

¿Qué fue lo que te llevó a dedicarte al coaching profesional? 

Luego de casi dos décadas trabajando como profesora y abogada, sentía que no me estaba desarrollando plenamente. Aunque recibía elogios por mi trabajo, algo me faltaba. En esa búsqueda, descubrí a coaches como Jack Canfield, Verónica y Florencia Andrés, y Tony Robbins. Sus enseñanzas resonaron profundamente en mí. Fue un camino de aprendizaje, lecturas y certificaciones que me llevaron a convertirme en coach profesional en 2017. Desde entonces, no he parado de estudiar, actualizarse y aplicar herramientas transformadoras, primero en mi vida y luego en la de quienes acompaño. 

 

¿Qué aprendizaje más en tu vida diaria? 

Lo que más valoro es liderar mi propia vida. Esto implica dejar de vivir de forma reactiva y tomar verdadera responsabilidad por mis pensamientos, acciones y palabras. Antes solía quejarme por lo que no salía bien, pero aprendí a responder de forma consciente. Esa transformación personal es lo que ahora transmito a quienes acompaño en su proceso. 

 

 

 Fin de año y nuevos comienzos 

 

¿Qué recomendás para cerrar el año con calma y gratitud? 

Primero, detenernos y reflexionar sobre el camino recorrido. Preguntarnos: ¿Qué logré este año? ¿Qué quedó pendiente? Muchas veces surgen logros inesperados o prioridades que cambiaron, y eso también merece ser celebrado. La gratitud es clave: agradecer lo bueno y también las lecciones de lo que no salió como esperábamos.  

Muchas veces creemos que para ser felices tenemos que tener todo andando y no es así. Como dijo el escritor  argentino Menapache: “Hay años que son como un recreo y otros de fuerte aprendizaje, pero no hay años malos.” Yo comparto esta reflexión porque aún cuando no ganamos lo que queríamos y no nos salen las cosas cómo queríamos, hay mucho aprendizaje en lo que no nos salió. Eso es tan o más importante que lo otro. Así que de una forma u otra todo merece ser agradecido. Al final de cuentas, yo creo que el plan de Dios es perfecto. 

 

 Para arrancar el año sugiero reflexionar con preguntas como: ¿Qué palabra define mi año? ¿Qué lecciones me llevo? Además, recomiendo el journaling como herramienta para organizar ideas y valorar nuestro camino. 

A veces subestimamos lo que podemos hacer en un año y creemos que en esos 365 días tenemos que hacer todo lo que pusimos en nuestra lista y más. Sin embargo, subestimamos lo que podemos hacer en lapsos de tiempo más largos como 5 o 10 años. Sé que parece mucho, pero si somos constantes y tenemos claridad, antes de que nos demos cuenta estaremos muy cerca de “esa” meta que tanto deseamos. 

 

Una de las mejores herramientas es el método SMART: que las metas sean específicas, medibles, alcanzables, realistas y con un tiempo determinado. Es esencial dividirlas en plazos: anual, trimestral, mensual y diario. Las expectativas que nos ponemos cada primero de Enero son tan altas que difícilmente las podemos mantener todo el año. Hay que tener cuidado con esto, porque cuando nos proponemos algo y no lo cumplimos, eso puede dañar nuestra autoestima, ya que estamos faltando a nuestra palabra y se genera incongruencia. Es muy importante aprender a plantearnos objetivos alcanzables e inteligentes. 

 

¿Cómo podemos aprender a disfrutar el proceso en lugar de obsesionarnos con el resultado? 

 La perfección no es humana; buscar la excelencia sí lo es. Quien busca la perfección suele castigarse ante los errores. En cambio, quien busca la excelencia aprende, recalcula y sigue. Todo lo que vale la pena lleva tiempo, como un bebé que necesita nueve meses para formarse. Aprender a agradecer cada paso del proceso nos ayuda a ser más felices. 

Hoy con la cultura de la inmediatez, si no cumplimos lo que queríamos en ese año, nos frustramos un montón. Y esto es una gran pérdida de energía. 

La gran diferencia entre la búsqueda de la excelencia y la perfección, es la manera de pararse en uno u otro caso frente al error. El perfeccionista cuando se equivoca se lo lleva al Ser y se siente un perdedor y, por lo tanto, muchas veces se habla mal y se maltrata. Quien busca la excelencia, en cambio, cuando comete un error, se levanta, aprende, recalcula y sigue, pero no se lo lleva a su Ser, porque sabe que el error es parte del proceso. 

 

 ¿Qué herramientas simples recomendás para bajar el estrés? 

 Meditar, desconectar del celular y conectar con la naturaleza son prácticas transformadoras. La actividad física tiene evidencia científica de su impacto positivo. Además, estar en conexión con Dios o con nuestra espiritualidad nos ayuda a enfrentar los miedos y preocupaciones diarias. 

El mayor desafío es tener claro nuestras prioridades y vivir en consecuencia. Como decía Stephen Covey “Lo más importante es que lo más importante sea lo más importante.”  No se trata solo de saberlo, sino de aplicarlo en nuestras vidas. Muchas veces nos pasamos apagando incendios y dejamos de lado nuestros “importantes”. El equilibrio va a estar dado si tenemos claras nuestras prioridades. 

 

 ¿Buscar ser felices todo el tiempo puede ser contraproducente? 

La felicidad no es una meta constante, sino una actitud. Elegimos cada día cómo queremos vivir. Eso no significa negar emociones como tristeza o enojo, pero sí decidir no quedarnos estancados en ellas. 

A todos se nos presentan adversidades que debemos sortear, de una forma u otra. Está en nosotros elegir de qué manera preferimos hacerlo. Es cierto que hay personas que no están muy equipadas para poder lidiar con las dificultades, y hay otras que trabajan en su autoconocimiento, en su desarrollo personal, en su autoestima, que cuando se presentan dificultades tienen más recursos para hacerles frente. Esto no significa que no podamos estar tristes, enojados o con miedo, pero sí que podemos tomar conciencia de cómo queremos y decidimos vivir. 

 

¿Cómo conectar mejor con los demás en esta época de reencuentros? 

Hacer todo con amor, incluso cuando no es fácil. También es clave aceptar a las personas tal como son y soltar expectativas irreales. Las emociones son contagiosas, así que ser conscientes de lo que transmitimos puede transformar los vínculos. Cuando en mis talleres hablo de emociones, explicó esto que es tan importante de que estas son contagiosas, por lo tanto, será muy útil pensar de antemano qué emociones estoy experimentando la mayor parte del tiempo, porque de seguro las estaré transmitiendo a mi entorno. Nos ayudará mucho el elegir a conciencia de qué manera me quiero relacionar con esa persona o ese grupo de personas, especialmente en estas épocas de reencuentros.  

 

Practicar la Gratitud 

La gratitud es la herramienta por excelencia para elevar nuestra frecuencia y vivir una vida más plena y feliz. Cuando agradecemos por lo que tenemos, vivimos, nos rodea, etc, es como si le mandamos una señal al Universo diciendo “gracias, más por favor”, y así tendremos más cosas por las que agradecer en nuestra vida. Lo opuesto es quejarnos, culpar a otros, victimizarnos, cuando lo hacemos, también enviamos una señal al Universo y lo que recibimos es más razones y explicaciones de por qué no tenemos eso o nos pasó aquello.  Por lo tanto, será clave practicar la gratitud muchas veces al día. Para empezar, en la mañana, ¿qué es lo que primero viene a tu mente: “¿estoy agotado/a no puedo más” o “gracias Dios por este nuevo día que me regalas?” Estos son pensamientos de carencia o de gratitud que de a poco van construyendo nuestra realidad.

Yo los invito a practicar la gratitud y a dejar de lado la queja, solo pruébenlo por unos días y verán los cambios.  

 

 

Ángela Storace nos recuerda que el cambio comienza desde adentro. Su enfoque en la gratitud, la reflexión y el equilibrio es una invitación a transformar cada día en una oportunidad para vivir con propósito y alegría. 

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